Domésticos
Por más que muchos biólogos de corazón romántico desearían verla salvaje e intacta, la realidad es que La Honda ha estado ocupada por gente rural desde tiempos antiguos — y con ellos llegaron sus modos de interactuar con el paisaje circundante, y los animales de compañía que los humanos hemos venido domesticando durante miles de años. La Honda es un área de conservación bajo la administración de Cornare, y hay prácticas aquí que, en el estricto sentido de la ley, están prohibidas. Pero también es un vecindario donde vive gente. Cualquier retrato honesto de este lugar tiene que incluir las vidas que lo comparten con las especies silvestres del bosque.
Este capítulo es un álbum de algunas de las mascotas y animales de granja de La Honda.
Zoe
Zoe pertenece a Humberto, quien trabaja en ganadería en La Sierra y La Mascota. Ella trabaja junto a él de 7 a.m. a 4 p.m. — despejando caminos, manteniendo los potreros, y ayudando con otras labores de finca. Le encanta jugar con palos grandes, seguir rastros, pelear con tatabras, y simplemente estar cerca de Humberto. No es exigente con la comida; le encanta todo tipo de alimento. Es ruda, fuerte, y muy leal.
Ciro
Conocido también como Ciruelo, Mosco, Zancudo, Cirilo. Es tan pequeño como poderoso — se pensaría que es delgado, pero en realidad es asombrosamente en forma y hábil. Se le puede comparar con Speedy Gonzales; es el mejor caminante y corredor de senderos del pueblo. Puede caminar y recorrer el campo por horas, prefiriendo estar con Henrri y Lupita (su amiga perra). Está en su elemento caminando en temporada de lluvia a lo largo de las quebradas, y hasta en las noches frías y largas sin quejarse. Es muy consciente de sus requerimientos de energía y comida, y es paleo-consciente: solo le gustan las proteínas y las grasas — queso, carne, pollo, comida de gato, mantequilla, yemas de huevo (pero no las claras), pescado — y solo ocasionalmente, en viajes difíciles, se desliza y come un bocado o dos de dulce de leche panelita.
Bocachica
En el extremo de La Honda, profundo dentro del cañón, vive Sigfredo Lopes. Su vida apartada — la distancia desde su finca hasta el pueblo de La Honda es de aproximadamente una hora y media a pie — solo se ve interrumpida por su equipo de mascotas y trabajadores animales amigables, que siempre están dispuestos a acompañarlo en las labores cotidianas.
Coco
El perro más leal. Devoto, siempre protegiéndolo. Su sombra en el cafetal, en la casa y en el camino de mulas los viernes, cuando Sigi sale en su mula a visitar a su hermana.
Teo
Flaco y bullicioso, decidió pronto que no era muy amigo del trabajo de finca. Poco aficionado al cafetal, prefiere quedarse en casa cuidando el lugar y las pertenencias de Sigi — nadie puede juzgarlo, porque tiene una vista maravillosa y bastantes gallinas que mirar y, por qué no, comerse algún huevo de cuando en cuando.
Siempre está listo para tomar el camino de mulas cuando Sigi se prepara para salir, y cambia en un instante de guardián sobreprotector de la casa a un perro dulce y amigable en el momento en que nota que las visitas podrían querer compartirle algo del almuerzo — proteína por favor, carbohidratos solo cuando las gallinas muestran interés, porque no es de espíritu dadivoso.